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Mostrando entradas de marzo, 2015

Ella.

[Evgeny Grinko - Waltz]
Ella recordaba muchas más caras que nombres, más conversaciones que olores y más emociones que sentimientos. No sabía cómo, pero asociaba a cada persona con una sensación. Sabía que el pequeño parásito que es la memoria jamás roería aquello que se había convertido en algo suyo; en parte de sí misma. No había nada hasta entonces conocido que arrancase de cuajo todas aquellas sensaciones o emociones que ella había tejido conscientemente por si, llegado el momento, algo o alguien intentase arrebatárselo. Y así vivía: con el temor de que aquellos retazos de lo que había acabado siendo su corazón, lleno de cicatrices y pespuntes, desapareciese. ¿Cómo iba a asegurarse de que aquellas personas permaneciesen a su lado si, por mucho que lo intentase siempre echaban a volar, lejos, como si, tras conocer tierra firme se negasen a volver a su pequeña jaula, a pesar de tener sustento suficiente para sobrevivir? ¿Quién querría volver a esa libertad limitada, controlada, tenie…

Tú (III).

Solo me apetece dormir hasta que mi cuerpo diga basta. Quedarme así, observando cómo la luz se filtra por las rendijas. Cómo el día, a pesar de todo, me saluda con su mejor sonrisa.
Y yo, yo quiero darle la espalda y seguir, como si la cosa no fuese conmigo, y despertar dos semanas después. Con él a mi lado, abrazándome mientras duermo, como si incluso en ese momento me estuviese diciendo «no me pienso separar de ti» y «tranquila, conmigo estás a salvo». Y así observar entonces cómo cambia la visión de esta misma ventana y de este mismo despertar.

Tú (II).

Porque si tú te caes, yo me caigo contigo.
Porque si tú te encargas de mi corazón, de cuidarlo y mimarlo, yo me encargaré del tuyo.
Porque todo lo tuyo es mío y lo mío es tuyo.
Porque si tú, yo.

Descubriendo un poco más: Valencia.

Hace un poco más de un año, tuvimos la oportunidad de visitar mi pareja y yo, aunque fuesen dos días, Valencia. Por mi parte, no era la primera vez que la visitaba. Se encuentra a un par de horas de Alicante y, aunque no haya viajado a penas y mucho menos a lugares extremadamente lejos de donde vivo, he visitado ciertas ciudades cercanas. Y no podía faltar Valencia.

Llegar con el tren y que al mirar a tu alrededor veas la preciosísima Estación del Norte, no tiene precio. Tanto por dentro como por fuera, tiene infinidad de detalles arquitectónicos fascinantes. Además, nada más salir de ella, te encuentras la Plaza de Toros. No es un edificio demasiado relevante, pero es simbólico o característico, aunque sea como lugar de encuentro. Si sigues andando, seguramente te halles entre en el Carrer de Xàtiva y el Carrer de Colón. Enhorabuena, te encuentras en el centro de Valencia. Posiblemente sea la parte que más me gusta. Aunque parecen calles relativamente pequeñas, ir de punta a punta te…

Tú (I).

Y ser tus ojos el único paisaje que vea.
Y ser tu sonrisa el único abismo al que me precipite.
Y ser tu mente el único sendero que recorra.
Y ser tus lágrimas la única bebida que tome.
Y ser tu cuerpo el único manjar que pruebe.
Y ser tú el único capaz de ser conmigo.